martes, 3 de junio de 2008

Día Nº 12.515 (Cap. II)

9:53 h

Como os decía antes, estuve de viaje por culpa de Nestlé y sus helados. Bueno, concretamente, por un anuncio de sus helados.


Y es que todo sucedió casi sin darme cuenta. Salí de la empresa en la que había estado metido toda la tarde. Estaba cansado y con la mente en blanco. Mi único objetivo que quedaba por cumplir en ese triste día era conducir hasta casa, hacerme la cena y meterme a la cama. Y dormir. Solo dormir.


Abrí el coche. Dejé la chaqueta. Entré. Me puse el cinturón. Arranqué y cogí la carretera rumbo a mi solitario hogar. Iba tranquilo. Sin pensar en nada. Puse la radio. Como siempre, nada bueno. Mejor será que ponga buena música. Vamos a ver... ¿qué hay por aquí?....


Silvio.... bien... perfecto.


Mierda. Caravana. Qué raro.

Tu imagen me llegó
a las seis menos diez
y no pude dormir
ni un instante después.

Te confundías con mis sábanas,
te me enredabas en la sien.

Lucías tan realque casi fui feliz.
Pero a las seis y diez
me comprendí sin ti.
Eran mis solitarias sábanas
y una habitual mañana gris.

Y tú eras mi viento, mas no a favor.
Eras mi barca en el pedregal,
eras mi puerta sin tirador,
eras mi beso buscando hogar.

Y tú eras un parto de antigüedad,
maña de un diablo despertador

Eras espuma de soledad,
carne con llagas de desamor.
Y así fuiste la otra mitad
de amanecer
que no alumbró jamás.

(Silvio Rodríguez)


Joder. Hay que ver qué bien suena esto. Menos mal que no me ve nadie. Y es que a nadie nos gusta que nos vean llorar.


A ver dónde he puesto los kleenex...


Y fué abrir la guantera, agachar la cabeza, coger el kleenex y en el momento en el que levanté la mirada, estaba ahí.


Ostias....

No hay comentarios: