martes, 3 de junio de 2008

Día Nº 12.515 (Cap. V)

11:13 h

Ese día tuve que dormir en el coche. Pero al día siguiente, volví a la fábrica. Insistí. Iba en busca del placer azul. El placer azul que estaba dentro de aquella fábrica.

Esta vez el de seguridad que me salió al paso era diferente al del día anterior. Y este sí era de Frankfurt. Llevaba su correspondiente salchicha en la mano. Y menuda pedazo de salchicha. Seguro que era de alguno de los barrios del Centro.

No hubo suerte. Hablaba igual de raro que el del día anterior. Y no había forma de convencerles. Pensaba que el ir vestido con traje y corbata me daba más oportunidades de que me tomara en serio, pero no. Qué va. Quizás el hecho de que la corbata estuviera más arrugada que una pasa, que pareciera que tenía goondrinos en el pelo y mi olor a sudor después de dos días siguiendo a aquél camión, me restara credibilidad. Es posible.

Ese día no hubo suerte. Ni por la mañana ni por la tarde. En cuanto me acerqué a la fábrica después de comer una salchicha en un bar me dí cuenta que iba a ser aún más compicado que a la mañana. Y es que le tocaba turno al de seguridad del día anterior. Al que, al parecer, no era de Frankfurt. Aunque me rompió los esquemas cuando al acercarme ví que llevaba una salchicha en la mano. Al principio pensé que era la porra, pero cuando me acerqué y ví que era una salchicha, me quedé parado, pensando. He llegado a la conclusión que debe ser que los lunes, miércoles y viernes no lleva salchicha porque no nació en Frankfurt y los martes y jueves sí lleva salchicha porque vive allí. Creo que va así el tema.

Bueno, la cosa es que me mandó con viento fresco. Ahí me di cuenta que me iba a ser imposible llegar al placer azul.

Esa noche dormí otra vez en el coche.

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